Viaje a los tiempos que fueron
 

 

Se han hecho películas y se han escrito libros sobre el reencuentro de personas que se ven de nuevo después de un cierto tiempo. Por lo general, son compañeros de clase de secundaria o estudiantes universitarios, y se encuentran unos veinte años después del final de ese período. El resultado es muy melancólico, ¡por no ser demasiado negativos! Gente que no se reconocen, tanto han envejecido mal o han cambiado, que no se parece en nada a ese recuerdo que teníamos de ellas.

Sí, puedo decir con impunidad que me reuní con mis compañeras de clase, ¡después de cincuenta años y fue muy lindo!

Volver a los diecisiete
Después de vivir un siglo
Es como decifrar signos
Sin ser sabio competente
Volver a ser de repente
Tan frágil como un segundo
Volver a sentir profundo
Como un niño frente a Dios
Eso es lo que siento yo
En este instante fecundo.

Se va enredando, enredando
Como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando
Como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra
Ay, sí, sí, sí.

La Violeta Parra, la artista chilena que desapareció en circunstancias dramáticas en 1967, en esta maravillosa canción ( “Volver a los diecisiete” ) hablaba de un grande amor, y de lo que una persona siente por su adolescencia y por sus compañeras adolescentes como ti misma, es definitivamente también un gran amor.

Salí de mi país hace muchos años, demasiados, pero la sensación de estar en mi casa simplemente apenas hueles el aire de tu país, miras a la gente, miras el impresionante paisaje de la Cordillera de los Andes siempre presente en el fondo de Santiago, y escuchas la cantilena chilena con todos sus defectos (nosotros los chilenos hablamos un español bonito/simpático pero inexacto, no pronunciamos bien las d, las n, acortamos todas las palabras usando diminutivos ad iosa intercalado con muchos garabatos de uso común), ¡siempre es fuerte e innegable!


 
Y fui específicamente a esta reunión organizada por mis compañeras de colegio con una gran alegría en mi corazón.

Mi paso retrocedido
Cuando el de ustedes avanza
El arco de las alianzas
Ha penetrado en mi nido
Con todo su colorido
Se ha paseado por mis venas
Y hasta las duras cadenas
Con que nos ata el destino
Es como un diamante fino
Que alumbra mi alma serena.

Se va enredando, enredando
Como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando
Como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra
Ay, sí, sí, sí.

¡Desde los tiempos del colegio a hoy día ha pasado medio siglo! Es fácil comprender que volver con la memoria es fácil, pero también implica emociones fuertes. Las personas que se han ido, una familia repartida por el mundo, el recuerdo del fuerte deseo de nuestra madre, que nunca se logrò hacer – de tener a sus cinco hijos bajo el mismo techo nuevamente. Solo una vez, cuando ella cumplió sus 90 años, pudimos encontrarnos en cuatro; desgraciadamente, a una de mis hermanas no le fue posible ir y nunca mas tuvimos otra ocasión.

La vida es realmente como una enredadera que crece y se enreda y se enreda, y así la mía se ha enredado en diferentes países, diferentes idiomas, diferentes formas de vida. Uno aprende, crece,  sufre, es feliz, en otras palabras: uno vive.

Lo que puede el sentimiento
No lo ha podido el saber
Ni el más claro proceder
Mi el más ancho pensamiento
Todo lo cambia el momento
Cual mago condescendiente
Nos aleja dulcemente
De rencores y vilencias
Sólo el amor con su ciencia
Nos vuelve tan inocentes.

Se va enredando, enredando
Como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando
Como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra
Ay, sí, sí, sí.
 


Éramos adolescentes, casi mujeres con nuestros sueños y nuestras esperanzas. A algunas de ellas no las había visto más, pero gracias a las famosas redes sociales y a la iniciativa de algunas de nuestras compañeras que han creado un grupo de Whatsapp, de a poco a poco en el tiempo, primero con mucha curiosidad y casi con temor, comencé a hacer contacto con un mundo que para mi estaba muy lejos. Y no solo físicamente, aunque es cierto que  la distancia cuenta mucho, ya que vivo a miles de kilómetros de distancia, o más bien puedo decirlo con exactitud: son 11.924 km. entre Roma y Santiago de Chile.

Un vuelo directo sin paradas a velocidad media se realiza en 13 horas y 54 minutos. A velocidades más lentas en 19 horas y 48 minutos. Pero, teniendo en cuenta que para no gastar tanta plata los vuelos directos se hacen pocas veces, y al final, un viaje “normal” significa tranquilamente alrededor de 24 horas, incluidos los cambios de hora, etc.

¡Pero lo que importa es la distancia mental!

Se va enredando, enredando
Como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando
Como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra
Ay, sí, sí, sí.

Siempre todos decimos muy retóricamente, que la felicidad se da y se recibe. ¡No se pueden imaginar la felicidad que recibí en este viaje! Y espero también de haberla dado …

Los recuerdos de la escuela, de las confidencias compartidas con mis intimas amigas, de las profesoras que en ese momento llamábamos “las viejas…”, sin darnos cuenta de que la gran mayoría de ellas no tenían ni siquiera treinta años, pero era el rol que tenian que las hacia viejas delante de  nuestros ojos.


 
El recuerdo del amoroso cuidado de nuestros padres, muchos de ellos ya no están presentes, de las compañeras que nos han dejado prematuramente, o sea un ponerse al día de todo lo que hemos vivido y todo esto hecho con cariño, con afecto, con amor, como en los viejos tiempos.

Llegado a este punto, ya no te importa si tienes el pelo blanco o si estás gorda, quieres compartir con todas ellas tus experiencias, saber todo de ellas, informarte sobre cuántos hijos tienen, si alguna vez se han casado o no, si han logrado vivir su sueño, quién quería ser abogado, quién quería ser director de cine, quién no sabía lo que quería y todavia mucho más …

De par en par la ventana
Se abrió como por encanto
Entró el amor con su manto
Como una tibia mañana
Al son de su bella diana
Hizo brotar el jazmín
Volando cual serafín
Al cielo le puso aretes.
Y mis años en diecisiete
Los convertió el querubín.

Se va enredando, enredando
Como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando
Como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra
Ay, sí, sí, sí.

El tiempo se me pasó volando, y fue todo vivido intensamente, y logré tener el gusto y el placer de ver a mi hermana mayor, a mi hermano, a mis sobrinos, a mis primos ¡un gracias especial a todos ellos que se  adaptaron a mi tiempo limitado!

Compartí un tiempo precioso con las que yo llamo, y son, “mis amigas del alma”, conocidas en los bancos del colegio y no solamente ahí,  pero con las cuales siempre estuvimos en contacto en el tiempo, con algunas de ellas nos vimos de nuevo en Roma, siempre compartiendo penas y alegrias, amigas fieles que me han apoyado siempre, y que a mi manera he tratado de devolver reciprocamente cuanto me ha sido posible. Fueron días enteros dedicados solo para nosotras, con incluso un largo fin de semana en Viña del Mar y un viaje a Valparaíso , el puerto más cercano a Santiago, una de las ciudades verdaderamente típicas y hermosas de nuestro país. Mira Valparaiso.

Se va enredando, enredando
Como en el muro la hiedra
Y va brotando, brotando
Como el musguito en la piedra
Como el musguito en la piedra
Ay, sí, sí, sí.

La cosa más importante de mi viaje era la reunión, el reencuentro, que se extendió a toda la clase organizada por algunas compañeras del colegio, y que tengo que decir, fue mucho más que bueno, fue fantastico! De hecho, no fue una ocasión aburrida y melancólica, sino alegre y divertida, durante la cual también recibimos los famosos sombreros de graduación, que nunca nos dieron en el colegio (ya que fuimos castigadas, y de hecho fuimos el único curso en la historia del colegio que no tuvo su cerimonia de graduación), poniendo así remedio a una injusticia después de bien cincuenta años.
Me sentí muy orgullosa de escribir el discurso de bienvenida, practicamente pedì de hacerlo, y con mucha emoción lo leí rodeada de todo este afecto y mas que nada de sentir una fuerte sensación de pertenencia que te lo da el habernos conocido y compartido nuestra adolescencia y de reencontrarse  ahora, con gran parte del camino de nuestra vida ya hecho.

Y la vida continua…